Review | Pentiment, una fidedigna aventura literaria

Si llevas décadas como videojugador (quizás perteneciente a la coloquialmente llamada población de riesgo), podrás recordar la gran popularidad que tuvieron las aventuras narrativas durante las décadas del 80 y 90. Introducidas en libros y videojuegos, permitían al espectador entrar a un mundo de posibilidades, en las que uno mismo podía recorrer a su antojo.

Por las limitaciones de la época, la mayoría de estas historias tenía uno o dos finales, el bueno o malo/muy bueno, terminando el resto de las rutas en un Game Over seguro. Con el tiempo, esto fue evolucionando, dejando de lado el tema literario y cambiando a un tema más digital, con el fin de entregarte una experiencia lo más inmersiva posible.

Volviendo a las raíces de la experiencia mencionada anteriormente, Obsidian Entertainment (Fallout: New Vegas, Star Wars: KOTOR II, The Outer Worlds) lanzó esta semana Pentiment, una aventura narrativa histórica con toda la visual de un libro, que busca revivir y entregar una historia completa situada en el siglo XVI.

Pese a lo simple que pueda sonar, es una aventura muy completa e inmersiva, de la mano su director, Josh Sawyer. El juego es el resultado de años de mejoras, mostrándoselo en más de una ocasión al CEO del estudio, Feargus Urquhart, para su aprobación. Pese a los rechazos iniciales, el juego terminó evolucionando junto con la mentalidad del mismo Sawyer, pasando de bosquejos pensados hacia la edad media con temas sobrenaturales, a un entorno histórico ligeramente ficticio, con un estilo artístico casi único.

Adelantando, Pentiment es un juego que viene a recobrar esa pasión por dar una buena historia, centrada en escenarios que le piden a los jugadores que tomen decisiones difíciles mientras reflexionan sobre sus propios valores. Por lo anterior, no esperes un juego lleno de acción, sino una invitación para avanzar en un libro interactivo, en un mundo donde la religión predomina y los cambios son importantes, con el detalle de que puedes dejar tu propia huella.


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